Mañana, sábado 30 de mayo de 2009, celebraremos en el Centro Cívico “Estación del Norte” (ver localización en Google Maps) de Zaragoza y en horario de 10:00 a 14:00, la III Jornada de Genealogía Aragonesa.
Imagen de la II Jornada de Genealogía Aragones (19/01/2008)
Varias serán las presentaciones que se realizarán, todas ellas interesantes. La que yo realizaré será sobre el proyecto de volcado de Censos Electorales de Aragón que estamos realizando desde la Asociación ARAGONGEN. Allí comentaré un poco los temas de censos, el desarrollo de datos y programación, así como la colaboración hecha entre los socios para sacarlo adelante.
Cuando pasé el día de mañana, colocaré la presentación para los que no podáis ir a verla en directo.
El pasado lunes 25 ofrecieron su espectáculo los Harlem Globetrotters, todo genio y figura. Con un ambiente un tanto frío que no pudieron calentar, hicieron arte del baloncesto.
Inicio del espectáculo: Harlem Globetrotters en Zaragoza
Allí estuvimos, claro. Fuimos mi hijo, adicto al basket e infatigable, y yo, repleto de recuerdos y emociones de la niñez. Y es que para nuestra generación los “Jarlem Globertroters” eran un mito, un prodigio más allá de lo posible, una forma de hacer baloncesto y espectáculo a la vez que nunca creíamos poder ver. Sus apariciones en España no eran muy numerosas y el sueño de verlos era similar al de ir a Disneylandia (ni Disneyworld ni Eurodisney, que ni existía). Sólo la “primera” (y casi única TV a excepción de “el UHF”) nos ofrecía cada mucho tiempo algunas ráfagas del espectáculo. Como decía el otro día mi compañero Paco, sólo el programa de Íñigo presentaba alguna vez un trocito de delicias.
Pero el tiempo pasa, y mucho… No es que no lo hagan bien, es que lo que hicieron ya lo tenemos en ACB (casi incluso en nuestra entrañable LEB) todas las semanas. Hace treintaitantos, ver un mate era algo imposible (¿alguien imaginó a Rullán o incluso a Romay haciendo un mate?) y votar, lo que es votar, la pelota, justito. Pero ahora el espectáculo está ya en el deporte del baloncesto, el de liga, no es necesario hacerlo deliberadamente.
Por eso me quedó un cierto regusto a rancio. Las bromas, protagonizadas casi en exclusiva por Special K, fueron agradables pero sólo para un sonrisita; las presentaciones, casi todas en inglés (nuestro niños no están preparados, bueno, ni nosotros), no aclararon nada; y el baloncesto, que fue lo mejor, tuvo momentos casi estelares.
También es verdad que se repitió una de las cosas que menos me gustaban entonces y que se repite: volvieron a perder los Washington Generals, sempiternos enemigos que, dicen, no han ganado desde hace 38 años (genial la imagen de portada en su web que reproduzco aquí). Me ocurre como con el Correcaminos, odio que siempre gane, pobrecito Coyote, debe estar hasta el gorro de ese soplagaitas…
Imagen de los resultados de Harlem Globetrotters vs. Washington Generals
Lo mejor, en mi opinión, tres cosas: la actuación del viejo entrenador de Washington Generals, Ben Augustine (no Red Klotz, como decía el Heraldo); algunas bromas de Special K; y, sobre todo, alguna jugada, baloncesto puro, de Turbo, Rocket o Ant.
En fin, no fue lo que recordaba… pero es que hacía mucho que no lo hacía y mi memoria se agota.
Os dejo unos segundos del espectáculo:
Por cierto, aunque no venga a cuento, ¿quién me iba a decir a mí cuando saqué la entrada allá por marzo que el CAI de mis desamores estaría de nuevo en LEB? Pero eso mercería otro artículo que no escribiré. Señor…
Para mí la Semana Santa tiene un claro sabor agridulce (de nuevo, ¿será todo así?). Me encanta ver las cofradías, los tambores, los floreados pasos iluminados y los piquetes que los acompañan. Siempre me ha gustado, más incluso cuando la viví en Sevilla. Pero al mismo tiempo, este tiempo me obliga desde niño y eso nunca me ha agradado precisamente.
Claro que esto que digo no tiene mucho fundamento ni lógica y siento que debo explicarme.
Mi padre fue fundador, allá por 1940 (con 12 añitos), de la Cofradía de las Siete Palabras y de San Juan. El, entonces, como tantos otros, estaba metido por Acción Católica y un grupo de ellos decidió fundar la cofradía, de la mano de Mosén Francisco. Él también desde el principio integró el pequeño grupo de tambores que se “importaron” del Bajo Aragón a la Semana Santa zaragozana por primera vez.
Cofradía de las Siete Palabras de Zaragoza en el Pilar
Mi padre sentía la cofradía, era su pasión, más allá de las procesiones y los tambores. Mucho hizo por ella, tiempo y esfuerzo de dedicación. Era su vida.
Mi padre de cofrade muy joven
Algunos hermanos en los años 40
Desfilando por las calles zaragozanas
Durante años fue jefe de timbales, además de prestar todas las ayudas al buen funcionamiento de la Cofradía y a sus hermanos. Fue enterrado con el hábito de la cofradía en 1989, el mismo año que fue a Murcia a supervisar el nuevo paso que se tallaba entonces. Así era como lo sentía. De una forma religiosa, ferviente.
Como no podía ser de otro modo en este entorno, mi padre me apuntó a la Cofradía desde muy pequeño, creo que nada más hacer la Primera Comunión (no se podía antes, entonces). Desde el primer momento yo no tuve las mismas pasiones (nunca mejor dicho) que mi padre.
Yo, de pequeñito, cofrade con mi padre y mi primo Jesús
Debí salir de procesión y acudir a las asambleas y celebraciones. No me gustaba, aunque me encantaba ver y oír los tambores. Sentimientos encontrados…
Vestidos de cofrades en la terraza de casa
Durante años tuve un enfrentamiento más interno que con mi padre por ello. Al llegar la adolescencia, con sus dudas y mis ideas más agnósticas que otra cosa, me sentía traidor. Traidor por seguir perteneciendo a una cofradía que ni sentía de forma religiosa ni folclórica. Veía mucha gente que tampoco creo que lo sintiera como mi padre (todavía los veo a centenares) pero con menos remordimientos de conciencia. Esta traición interna no podía traducirla en una declaración a mi padre. Hubiera sido un insulto o así al menos yo lo veía.
Mis actividades me salvaron de la situación. A partir de los 15 años empecé a irme en Semana Santa a la montaña con mis amigos. Tenía la excusa perfecta: no salía con la cofradía sin necesidad de herir los sentimientos de mi padre, además de vivir mis amadas experiencias montañeras.
Años pasaron sin problemas a este respecto. Sólo interrumpí mi ausencia procesional el año en que murió mi padre. En 1990 salí llevando la Cruz In Memoriam de la Cofradía, como póstumo homenaje a quien tanto la había sentido.
Ese soy yo, de cofrade, llevando la Cruz de los fallecidos (Foto de Ramón Pascual)
Pero claro, esta historia no termina aquí, ni mucho menos. Y es que “a todo cerdo le llega su San Martín” y a mí me llegó a través de mis hijos. La cuestión es que ellos sí se enamoraron de las Cofradías y soñaban con salir de procesión. Les dí largas hasta que cedí y desde hace tres años volvemos a las andadas.
Sigue sin gustarme pero lo hago. Mis sentimientos son iguales que entonces pero creo que, tanto por mis hijos como por su abuelo, se merecen el sacrificio.
Paso de la Tercera Palabra: Mujer, he ahí a tu hijo. Hijo he ahí a tu Madre
Y por ahí me tenéis. El pasado lunes salimos, llovió como nunca llueve en Zaragoza y nos mojamos hasta lo que no está bien decir. Y el viernes nos podéis ver por la mañana y por la tarde, saliendo de la Iglesia de San Cayetano.
El tiempo pasa inexorable. Ya hace tres meses que no me actualizan y yo, aquí, solo, esperando… Algunos ojos me miran y otros, amigos, me interrogan para conocer la razón por la que no me escriben, no me dan contenido…
De hecho, pensé que o bien la tristeza por la muerte informada en el anterior comentario (eterno ya en la primera posición de mi página inicial) o bien una idéntica suerte acaecida al “autor”, le impedían mi actualización.
Por ello, el otro día estuve hablando con Antonio al respecto. La verdad es que está muy rarito. No se que me dijo de “falta de tiempo”, “angustias”, “empacho de blogs”, “genealogías varias”, “otras actividades”, etc. Pero yo no le creo: estoy seguro de que lo que sucede es que no tiene nada que decir y que su ausencia es forzada por su falta de imaginación.
Claro que hasta su aspecto ha dejado mucho que desear. Si no, mirad vosotros mismos el aspecto de náufrago inicial que deviene en chico bueno gracias a una meritoria metamorfosis:
Imagen de un naufragio: Antonio
Antonio con perilla, oops!
Antonio con bigote, sin comentarios
Antonio sin comentarios
Y por fin:
Antonio normal, si es posible
Pero yo sólo soy una puta bitácora y no tengo derechos, por lo visto. Ni le pude aconsejar en su impresentable imagen ni ayudar cuando el pie le hizo “clac” haciendo deportes de alto riesgo (basket, a su edad). Lo único que pude hacer es robarle una foto de su flamante escayola, que por lo visto decidió voluntariamente quitarse el otro día. Peor para él.
Antonio con pie pero sin él
Por ello he decidido autopublicarme. Supongo que a este paso no será la última vez. O bien le forzaré, amenazaré y chantajearé. Tiempo al tiempo.
Hace mucho, mucho tiempo que no oía a Mikel Laboa. Es más, he de reconocer que había olvidado su inolvidable voz y algún disco (LP, claro) permanecía en la estantería de mi discoteca cogiendo polvo.
Retomo asignatura pendiente y vuelvo a emocionarme como hace casi 20 años. La buena música no tiene caducidad, afortunadamente, y las emociones siguen transmitiéndose igual de bien cuando se dicen cosas como Txoria Txori.
No puedo hacer otra cosa que plagiar el post de Chesús e incluir esa versión de un Mikel casi anciano, pero igualmente vivo.
También incluyo su versión MP3 de hace más años y con voz más fresca.
Y, claro, la letra y traducción.
Txoria Txori (Mikel Laboa)
Hegoak ebaki banizkio
nerea izango zen
ez zuen aldegingo. (Bis)
Bainan honela
ez zen gehiago txoria izango. (Bis)
Eta nik txoria nuen maite,
Eta nik, eta nik txoria nuen maite.
El pájaro (es) pájaro (Mikel Laboa)
Si le hubiera cortado las alas,
habría sido mío,
no habría huido. (BIS)
Pero así
habría dejado de ser pájaro. (BIS)
Y yo lo que amaba era el pájaro,
y yo, y yo lo que amaba era el pájaro.
Muchas veces lo sentía pero jamás como aquella noche. Muchas veces, al salir de ver una película, me encontraba en una ensoñación misteriosa, ajena por completo al contenido de la misma, pero producida por ella. Muchas veces lo sentí; hoy sólo lo recuerdo.
Yo tendría 18 años. Acababa de ver una película que, pese a que de alguna forma me impactó (tal vez debido a la historia que sigue), casi podríamos calificar de bodrio. Nunca me gustó mucho Almodóvar pero, además, en sus inicios hay que reconocer que eran más que flojito. En cualquier caso sus historias nunca dejan de sorprender, mezcla de originalidad y un punto de vista naturalista no muy frecuente hasta él en el cine español. Se trataba de “Laberinto de pasiones” una especie de comedia de enredo posmoderna, ambientada en el Madrid de la “movida” con personajes y ambientes casi delirantes.
Serían sobre las nueve de la noche cuando salí de las salas “Multicines Buñuel” (que en paz descansen, por desgracia) donde se proyectaba. Yo entonces era asiduo de esta y de otras salas, pues solía ver unas tres o cuatro películas a la semana. Era de noche pero la suave primavera hacía que el ambiente fuera acogedor, casi embriagador. Poca gente andaba por las calles; era día laborable y muchos ya se habían recogido en sus casas.
Tomé el autobús, línea 38, dirección Ciudad Jardín. Iba casi vacío y me senté en uno de los asientos en sentido dirección del tráfico.
Dos paradas habían pasado cuando una chica, aproximadamente de mi edad, subió al autobús y se sentó en el asiento frente al mío, sentido contramarcha. Era morena, ojos verdes, profundos y graciosos. La melena rizada le cubría los hombros y la blanca blusa vaporosa. Me miró y la miré.
Sus ojos transmitían mil sensaciones, hablaban sin decir nada y cambiaban en cien matices de pasión. Yo ni me movía, no podía separar la vista, sin apenas parpadear. Quería hablarle, preguntarle su nombre y decirle lo que sentía, pero algo me sujetaba al asiento y no dejaba mover la cabeza para no perder la visión de sus ojos. Los dos oíamos las paradas del autobús pero nuestras miradas no dejaban de enredarse y esos sentidos menores pasaban desapercibidos.
Por un momento fui capaz de cerrar los ojos. A punto estuve de pellizcarme para ver si estaba despierto o para comprobar que todavía no había salido de la sala de cine. Al abrirlos, sus ojos estaban allí, hablando sin pestañear y diciendo mil frases ininteligibles pero apasionadas.
No sé cuánto tiempo duró, creo que la eternidad. Sólo sé que ambos oímos una voz entre sueños que se iba convirtiendo en grito. Era el conductor del autobús que nos insistía en que era la última parada y debíamos descender. Despertamos sin dejar de mirarnos.
Yo, intuitivamente, tomé dirección a la puerta, pasando al lado de ella y rozando mi mano con la suya de forma deliberada. Bajé a la noche oscura. Al volverme vi que ella se dirigía al conductor y pagaba un nuevo billete para tomar el camino inverso.
El autobús partió, llevando a mi chica a lo desconocido.
Muchas veces pensé en ella. Muchas veces volví a montar en el 38 a la misma hora y el mismo día de la semana. A menudo bajaba en paradas intermedias y recorría las calles buscando un fantasma. Recuerdo que lo comenté con mis amigos quienes me dijeron que porqué había sido tan pavo de no decirle nada. Yo sé que eso no tenía sentido.
Nunca la volví a ver.
La olvidé un tiempo después. Hoy recuerdo su melena y sus ojos verdes y sé que estuve frente al fantasma de mis propios sueños, amplificado por una cutre película de Almodóvar.
Puntual como las elecciones yankees a celebrar en el segundo martes después del primer lunes tras un domingo primero que sigue a un viernes tardío de noviembre, hemos vuelto a celebrar nuestra célebre “Cena dominica”, conmemoración anual de los que compañeros fuimos de aquel colegio en los años sesenta y setenta.
Este año con participación más bien reducida (unos 20 fieles) pero con la alegría y gana de conversación habitual. Por allí aparecieron los habituales y una sorpresa, nuestro entonces “joven” profesor de ciencias naturales y conocido naturalista Carlos Enrique Pérez Collados, que se acercó a saludarnos y vernos ya creciditos.
En fin, un año más viejos, abundantes canas y kilos de más, pero alegres y contentos de volvernos a reunir.
Dejo, como es tradición, la pequeña galería que atestigua la celebración.
Me gusta de vez en cuando investigar y hacer pruebas que aunen mis diversas aficiones. En este sentido suelo hacer algunos desarrollos y estadísticas en base a los datos que voy obteniendo por mi afición a la genealogía. Fruto de este tipo de trabajos es, por poner solo un ejemplo, el documento que publiqué hace ya un par de años sobre Genealogía e Historia de Luceni (descargar, 2.1 MB). En el resumía los datos que me proporcionó el volcado de las partidas de bautismo de la parroquia.
En este sentido llevo algún tiempo dándole al tarro y dedicando el poco tiempo que me queda en un proyecto que estoy empeñado en realizar dentro de la Asociación de Genealogía AragónGen, que presido. Este es el volcado de censos electorales y padrones municipales de finales del XIX y principios del XX.
Estos documentos se encuentran microfilmados en los Archivos Históricos Provinciales (y en algún que otro archivo, ayuntamiento o institución) y son de uso habitual en quienes realizamos este tipo de investigaciones. Al fin y al cabo es una fuente (ver Cómo hacer mi árbol genealógico 3ª parte) interesante al presentar los datos de nuestros bisabuelos o más. Ello conlleva que muchos de nosotros tenemos algunos de estos documentos y la puesta en común hace poder cubrir la geografía aragonesa con muchos de sus apellidos y gentes.
A veces, en sueños, imagino un volcado completo de estos censos pudiendo consultar on-line la distribución de apellidos y sus desplazamientos (migraciones) así como poder encontrar algún dato de nuestros antepasados sin movernos del sillón (ideal para nuestros hermanos del otro lado del océano).
Pues eso, en ello estamos. Me ha costado pero he ido poniendo las cosas en su sitio y ya hay algo. El mayor problema, como siempre, era obtener un modelos de datos coherente con el tipo de información a almacenar, y después realizar una pequeña aplicación web que permitiera la consulta. Eso es lo que he ido haciendo y se encuentra en el área privada de socios de AragónGen.
Para adornar la cosa (y aquí es donde he hecho las pruebecitas), he trabajado algo con el API de Google Maps para publicar un mapa con la localización de los censos ya volcados, indicando el año del censo. Es la primera vez que me enfrento a este tipo de desarrollos y, de momento, me parece interesantísimo, aunque no he hecho sino empezar.
Solo mencionar que sin la colaboración en la aportación de datos de algunos de los socios esto no tendría sentido. Sólo uno de ellos (Ramiro Campos Otal) ha aportado alrededor de 80. Mi agradecimiento eterno por tan sublime trabajo (recordar que hay que partir de las imágenes obtenidas por microfilmado y trasladar manualmente los datos a un formato digital, por ejemplo Excel, persona a persona, censado a censado, con nombre, apellidos, edad, domicilio, alfabetización, etc.)
Gracias a todos, sobre todo a Ramiro, y esperemos que trabajos de este tipo aporten abundante conocimiento y estudios sobre Aragón.
Me llamo Antonio y tengo cuarentaytantos. Trabajo como profesional TIC en una empresa de Zaragoza. Casado, dos hijos y una vida muy normal...
Algunas aficiones confesables y otras inconfesables. Genealogía, fotografía, montaña, deporte, lectura y la convergencia afición-profesión: sistemas, Internet, programación, ...
Alguna pasión: mi tierra, Aragón; y algún objetivo: Desperta ferro!