{"id":49,"date":"2007-12-28T03:14:29","date_gmt":"2007-12-28T01:14:29","guid":{"rendered":"http:\/\/www.emperador.org\/blog\/index.php\/2007\/12\/28\/morir-en-la-carretera\/"},"modified":"2025-06-01T18:17:05","modified_gmt":"2025-06-01T18:17:05","slug":"morir-en-la-carretera","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.emperador.org\/index.php\/2007\/12\/28\/morir-en-la-carretera\/","title":{"rendered":"Morir en la carretera"},"content":{"rendered":"<p>Muchas veces o\u00edmos o decimos la tan manida frase de \u00abla vida puede cambiar en un segundo\u00bb sin darnos cuenta de la cruda verdad de su sencillez. Y todos somos, de una forma u otra, conscientes del peligro que supone el autom\u00f3vil y la carretera (ya nos lo recuerda constantemente la DGT). Pero pocos sabemos la estrecha relaci\u00f3n entre estos dos axiomas. Solamente cuando tenemos la desgracia de vivirlo de una forma m\u00e1s o menos pr\u00f3xima nos damos cuenta de lo pasajero de la vida y de la poca consciencia que de ello tenemos. Al fin y al cabo somos \u00abdioses\u00bb y nuestra vida transcurre sin ese tipo de preocupaciones.<\/p>\n<blockquote><p>Fue hace algo m\u00e1s de dos a\u00f1os, el 21 de julio de 2005. Est\u00e1bamos de vacaciones la familia (mi mujer, mis dos hijos, Alexia -mi \u00abhija\u00bb bielorrusa- y yo) en Oropesa (Castell\u00f3n). Pocos d\u00edas llev\u00e1bamos disfrutando de ellas en esta playa, alrededor de 3 \u00f3 4. Era temprano, sobre todo para estar de vacaciones, sobre las 8 de la ma\u00f1ana cuando son\u00f3 el m\u00f3vil. Era mi cu\u00f1ada, Maribel.<\/p>\n<p>Yo no o\u00eda lo que dec\u00eda, solo los gritos casi hist\u00e9ricos de su hermana Pilar, mi mujer. Los ni\u00f1os, claro, se despertaron y la confusi\u00f3n se hizo total. Las frases que o\u00edamos todav\u00eda me hielan la sangre: \u00ab\u00bfQue has matado a todos?\u00bb, \u00ab\u00bfY Sara y David tambi\u00e9n?\u00bb, \u00ab\u00bfQue has intentado reanimarla durante 20 minutos?\u00bb, \u00ab\u00bfD\u00f3nde?\u00bb, &#8230;<\/p>\n<p>No entend\u00edamos nada ninguno. Tal vez nos protegemos tanto no pensando en lo evidente que cuando sucede es lo \u00faltimo que pensamos. O tal vez sea as\u00ed mejor.<\/p>\n<p>Maribel iba con su marido, Santiago, y dos de sus tres hijos (David de 14 a\u00f1os y Sara de 3) camino de las vacaciones a Melilla, donde ten\u00eda familia Santiago. Lo hab\u00edan preparado con mucha ilusi\u00f3n ya que hac\u00eda varios a\u00f1os que no los hab\u00edan visto. Diego, el mayor, entonces de 18 a\u00f1os, se quedaba trabajando en Zaragoza.<\/p>\n<p>Salieron sobre medianoche de Zaragoza, intentando que el viaje se hiciera m\u00e1s llevadero a los ni\u00f1os, conduciendo toda la noche. Se turnaban los padres.<\/p>\n<p>De madrugada Maribel tomo el volante. Un poco despu\u00e9s se qued\u00f3 dormida sin parar ni abandonarlo. Acababan de pasar Granada camino de M\u00e1laga, conduciendo por una c\u00f3moda autov\u00eda que fue su tumba. La velocidad, un choque contra las planchas de hormig\u00f3n de la mediana, vueltas de campana, barullo, silencio y muerte.<\/p>\n<p>Perdieron la vida en un segundo. Tan solo Maribel oy\u00f3 gritar a Santiago \u00abMaribel, \u00bfqu\u00e9 haceeeees?\u00bb. Silencio.<\/p>\n<p>David viajaba en el asiento trasero con Sara. No llevaba cintur\u00f3n de seguridad ya que iba tumbado durmiendo. Sali\u00f3 despedido varias decenas de metros, fulminado con su cerebro partido.<\/p>\n<p>La cabeza de Santiago qued\u00f3 casi completamente aplastada por el hundimiento del lateral del coche. Muri\u00f3 en el acto.<\/p>\n<p>Sara, la peque\u00f1a Sara, tan inesperada como deseada desde su nacimiento, la \u00abtardana\u00bb, tard\u00f3 un poco m\u00e1s en morir. O tal vez fue la desesperaci\u00f3n de su madre que le aplic\u00f3 primeros auxilios y pudo creer que respiraba cuando en realidad era su propio aliento quien hinchaba sus pulmones&#8230; Muri\u00f3 casi sin haber vivido.<\/p>\n<p>Dejamos a los ni\u00f1os con una t\u00eda de mi mujer que casualmente estaba en Oropesa. Tomamos el odiado y ya temido coche camino de Granada. No paramos. Yo no hablaba y Pilar soltaba todo por el m\u00f3vil. El camino fue eterno.<\/p>\n<p>Llegamos a Granada y fuimos al hospital donde estaba Maribel. Ella solo ten\u00eda algunas contusiones sin importancia y estaba siendo tratada m\u00e1s por el impacto emocional que f\u00edsico. Su entereza llamaba la atenci\u00f3n. Yo cre\u00ed que no era plenamente consciente de lo sucedido.<\/p>\n<p>Tuvimos que ir al Instituto Anat\u00f3mico Forense a reconocer los cad\u00e1veres. Yo no hab\u00eda visto muchos, tan solo recuerdo el de mi abuela y el de mi padre, pero nunca quise acercarme mucho. La sensaci\u00f3n m\u00e1s triste fue la que m\u00e1s ha perdurado. Ya me pas\u00f3 con mi padre, del cual recuerdo hoy m\u00e1s sus 10 d\u00edas de agon\u00eda que todo lo que pude vivir con \u00e9l. Lo mismo me pasa con Santiago, David y Sara: recuerdo tan n\u00edtidamente sus caras deformadas, magulladas y verdosas en los ata\u00fades que apenas las veo en su esplendor vital.<\/p>\n<p>Despu\u00e9s recogimos a Maribel tras hacer toda la tramitaci\u00f3n (para la cual nos ayudaron mucho personas que no conoc\u00edamos y cuyo nombre ni cara recuerdo) y partimos a Madrid camino de Zaragoza. El viaje fue interminable. Es cierto que son muchos kil\u00f3metros (adem\u00e1s de los que ya hab\u00edamos hecho desde Oropesa a Granada) pero lo peor era llevar como acompa\u00f1antes al dolor y a la desolaci\u00f3n. En algunos momentos se durmieron. Yo no paraba de mirar por el retrovisor los dos coches f\u00fanebres que llevaban los tres ata\u00fades de nuestros seres queridos.<\/p>\n<p>Muy avanzada la noche llegamos a Zaragoza donde la pesadilla casi se hizo m\u00e1s intensa al compartirla con el resto de la familia.<\/p><\/blockquote>\n<p>Han pasado m\u00e1s de dos a\u00f1os. La vida lentamente se recupera y solo los recuerdos quedan. Maribel intenta rehacer su vida como puede. Diego, el hijo mayor, tambi\u00e9n, aunque con peor suerte que su madre. A nosotros los recuerdos nos invaden y tanto mis hijos como nosotros fuimos marcados.<\/p>\n<p>Naturalmente sigo conduciendo, nunca he dejado de hacerlo. Antes no era conductor temerario aunque reconozco que, a veces, tal vez corr\u00eda m\u00e1s de lo que las se\u00f1ales me indicaban.<\/p>\n<p>Ahora miro malhumorado a quienes usan el autom\u00f3vil como un arma. Ya no corro. Respeto las se\u00f1ales. Intento vivir&#8230;<\/p>\n<p>Se que decir de nuevo lo que tantas veces se repite en los medios es in\u00fatil, pero me resisto a no hacerlo. Por favor, cuidado, precauci\u00f3n, no sabemos las consecuencias, la vida es lo \u00fanico y m\u00e1s importante.<\/p>\n<p>Siento hacer un post con este tono&#8230;<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Muchas veces o\u00edmos o decimos la tan manida frase de \u00abla vida puede cambiar en un segundo\u00bb sin darnos cuenta de la cruda verdad de su sencillez. Y todos somos, de una forma u otra, conscientes del peligro que supone el autom\u00f3vil y la carretera (ya nos lo recuerda constantemente la DGT). 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