Archivo de noviembre 2008

Muchas veces lo sentía pero jamás como aquella noche. Muchas veces, al salir de ver una película, me encontraba en una ensoñación misteriosa, ajena por completo al contenido de la misma, pero producida por ella. Muchas veces lo sentí; hoy sólo lo recuerdo.

Yo tendría 18 años. Acababa de ver una película que, pese a que de alguna forma me impactó (tal vez debido a la historia que sigue), casi podríamos calificar de bodrio. Nunca me gustó mucho Almodóvar pero, además, en sus inicios hay que reconocer que eran más que flojito. En cualquier caso sus historias nunca dejan de sorprender, mezcla de originalidad y un punto de vista naturalista no muy frecuente hasta él en el cine español. Se trataba de “Laberinto de pasiones” una especie de comedia de enredo posmoderna, ambientada en el Madrid de la “movida” con personajes y ambientes casi delirantes.

Serían sobre las nueve de la noche cuando salí de las salas “Multicines Buñuel” (que en paz descansen, por desgracia) donde se proyectaba. Yo entonces era asiduo de esta y de otras salas, pues solía ver unas tres o cuatro películas a la semana. Era de noche pero la suave primavera hacía que el ambiente fuera acogedor, casi embriagador. Poca gente andaba por las calles; era día laborable y muchos ya se habían recogido en sus casas.

Tomé el autobús, línea 38, dirección Ciudad Jardín. Iba casi vacío y me senté en uno de los asientos en sentido dirección del tráfico.

Dos paradas habían pasado cuando una chica, aproximadamente de mi edad, subió al autobús y se sentó en el asiento frente al mío, sentido contramarcha. Era morena, ojos verdes, profundos y graciosos. La melena rizada le cubría los hombros y la blanca blusa vaporosa. Me miró y la miré.

Sus ojos transmitían mil sensaciones, hablaban sin decir nada y cambiaban en cien matices de pasión. Yo ni me movía, no podía separar la vista, sin apenas parpadear. Quería hablarle, preguntarle su nombre y decirle lo que sentía, pero algo me sujetaba al asiento y no dejaba mover la cabeza para no perder la visión de sus ojos. Los dos oíamos las paradas del autobús pero nuestras miradas no dejaban de enredarse y esos sentidos menores pasaban desapercibidos.

Por un momento fui capaz de cerrar los ojos. A punto estuve de pellizcarme para ver si estaba despierto o para comprobar que todavía no había salido de la sala de cine. Al abrirlos, sus ojos estaban allí, hablando sin pestañear y diciendo mil frases ininteligibles pero apasionadas.

No sé cuánto tiempo duró, creo que la eternidad. Sólo sé que ambos oímos una voz entre sueños que se iba convirtiendo en grito. Era el conductor del autobús que nos insistía en que era la última parada y debíamos descender. Despertamos sin dejar de mirarnos.

Yo, intuitivamente, tomé dirección a la puerta, pasando al lado de ella y rozando mi mano con la suya de forma deliberada. Bajé a la noche oscura. Al volverme vi que ella se dirigía al conductor y pagaba un nuevo billete para tomar el camino inverso.

El autobús partió, llevando a mi chica a lo desconocido.

Muchas veces pensé en ella. Muchas veces volví a montar en el 38 a la misma hora y el mismo día de la semana. A menudo bajaba en paradas intermedias y recorría las calles buscando un fantasma. Recuerdo que lo comenté con mis amigos quienes me dijeron que porqué había sido tan pavo de no decirle nada. Yo sé que eso no tenía sentido.

Nunca la volví a ver.

La olvidé un tiempo después. Hoy recuerdo su melena y sus ojos verdes y sé que estuve frente al fantasma de mis propios sueños, amplificado por una cutre película de Almodóvar.

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Puntual como las elecciones yankees a celebrar en el segundo martes después del primer lunes tras un domingo primero que sigue a un viernes tardío de noviembre, hemos vuelto a celebrar nuestra célebre “Cena dominica”, conmemoración anual de los que compañeros fuimos de aquel colegio en los años sesenta y setenta.

Este año con participación más bien reducida (unos 20 fieles) pero con la alegría y gana de conversación habitual. Por allí aparecieron los habituales y una sorpresa, nuestro entonces “joven” profesor de ciencias naturales y conocido naturalista Carlos Enrique Pérez Collados, que se acercó a saludarnos y vernos ya creciditos.

En fin, un año más viejos, abundantes canas y kilos de más, pero alegres y contentos de volvernos a reunir.

Dejo, como es tradición, la pequeña galería que atestigua la celebración.

Enlace a cenas dominicas
Enlace permanente a la galería de fotos de la cena de 2008

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Me gusta de vez en cuando investigar y hacer pruebas que aunen mis diversas aficiones. En este sentido suelo hacer algunos desarrollos y estadísticas en base a los datos que voy obteniendo por mi afición a la genealogía. Fruto de este tipo de trabajos es, por poner solo un ejemplo, el documento que publiqué hace ya un par de años sobre Genealogía e Historia de Luceni (descargar, 2.1 MB). En el resumía los datos que me proporcionó el volcado de las partidas de bautismo de la parroquia.

En este sentido llevo algún tiempo dándole al tarro y dedicando el poco tiempo que me queda en un proyecto que estoy empeñado en realizar dentro de la Asociación de Genealogía AragónGen, que presido. Este es el volcado de censos electorales y padrones municipales de finales del XIX y principios del XX.

Estos documentos se encuentran microfilmados en los Archivos Históricos Provinciales (y en algún que otro archivo, ayuntamiento o institución) y son de uso habitual en quienes realizamos este tipo de investigaciones. Al fin y al cabo es una fuente (ver Cómo hacer mi árbol genealógico 3ª parte) interesante al presentar los datos de nuestros bisabuelos o más. Ello conlleva que muchos de nosotros tenemos algunos de estos documentos y la puesta en común hace poder cubrir la geografía aragonesa con muchos de sus apellidos y gentes.

A veces, en sueños, imagino un volcado completo de estos censos pudiendo consultar on-line la distribución de apellidos y sus desplazamientos (migraciones) así como poder encontrar algún dato de nuestros antepasados sin movernos del sillón (ideal para nuestros hermanos del otro lado del océano).

Pues eso, en ello estamos. Me ha costado pero he ido poniendo las cosas en su sitio y ya hay algo. El mayor problema, como siempre, era obtener un modelos de datos coherente con el tipo de información a almacenar, y después realizar una pequeña aplicación web que permitiera la consulta. Eso es lo que he ido haciendo y se encuentra en el área privada de socios de AragónGen.

Para adornar la cosa (y aquí es donde he hecho las pruebecitas), he trabajado algo con el API de Google Maps para publicar un mapa con la localización de los censos ya volcados, indicando el año del censo. Es la primera vez que me enfrento a este tipo de desarrollos y, de momento, me parece interesantísimo, aunque no he hecho sino empezar.

Lo podéis encontrar en la página de AragónGen www.aragongen.org.

Distribución de censos volcados en AragónGen

Distribución de censos volcados en AragónGen

Solo mencionar que sin la colaboración en la aportación de datos de algunos de los socios esto no tendría sentido. Sólo uno de ellos (Ramiro Campos Otal) ha aportado alrededor de 80. Mi agradecimiento eterno por tan sublime trabajo (recordar que hay que partir de las imágenes obtenidas por microfilmado y trasladar manualmente los datos a un formato digital, por ejemplo Excel, persona a persona, censado a censado, con nombre, apellidos, edad, domicilio, alfabetización, etc.)

Gracias a todos, sobre todo a Ramiro, y esperemos que trabajos de este tipo aporten abundante conocimiento y estudios sobre Aragón.

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